miércoles, 20 de agosto de 2008

El vuelo - Jenny Wasiuk


La ciudad ronroneaba sus tristezas.
Ella se mecía en la hamaca del balcón, ajena a todo.
Esperaba el minuto exacto.
Hacía años que esperaba, con la seguridad de que llegaría de un momento a otro.
Y llegó.
Esa tarde, cuando la ciudad aullaba más fuerte que nunca, cuando nadie se hubiera percatado de lo que estaba ocurriendo, pues seguían indiferentes a todo.
Esa tarde sucedió.
Se levantó lentamente... extendió sus alas y voló.
Primero se fue elevando mansamente del piso, luego más y más rápido hasta llegar a las nubes.
Sintió el viento acariciando su rostro y las lágrimas de felicidad humedeciéndolo.
Cruzó el cielo de Norte a Sur, de Este a Oeste.
Más abajo vio la ciudad, empequeñeciéndose hasta desaparecer.
También se acallaron sus aullidos.
Y el silencio fue delicioso, como una fruta madura deshaciéndose en su boca.
Y gritó.
Gritó hasta perder la voz para siempre.
Sus alas la devolvieron a la hamaca, donde la esperaban para abrigarla con una extraña camisa y luego llevarla a un lugar lleno de habitaciones y amplios jardines.
En su rostro la sonrisa quedó grabada como una cicatriz.
Había volado.
Ya no importaba el resto.

No hay comentarios.: