lunes, 8 de octubre de 2012

Lo que a la gente le gusta - Fernando Andrés Puga


—Peor está este muchacho, el que está cantando en la radio, pobrecito—. Dijo después de quejarse un buen rato de su propia mediocridad.
—Claro, qué vivo, comparándonos con él a nosotros no nos pasa nada—. Contesté—. Pero eso no es excusa. Si nosotros no somos capaces de romper nuestras murallas interiores, de expresarnos cada vez más plenamente en lugar de acomodarnos a lo que a la gente le gusta, el pobre Cerati no tiene la culpa.
—¡Ahora ya es otra cosa!— exclamó Toni a mi lado luego de unos minutos en silencio en los que se dedicó a modificar sobre el tablero la fachada de la cabaña que proyecta hacer en Colón, Entre Ríos. Al parecer, haber hablado del temor a la mediocridad liberó su imaginación y pudo dar rienda suelta a sus ideas arquitectónicas, que por cierto, no suelen coincidir con lo que a la gente le gusta.
—¿Qué quiere decir con que está satinado?—. Y lo pregunta así, de improviso. ¿De qué está hablando? A continuación, en la radio suena Spinetta y la letra de su canción dice justamente eso: “Estoy satinado”. ¡Vaya! ¿También tiene poderes adivinatorios? ¿Cómo supo que sonaría esa canción?
En ese estado de cosas permanecimos durante varias horas. El dibujando y diciendo cosas que no son tan incoherentes como parecen; yo intentando atrapar con palabras lo que va sucediendo. Me pide que para concluir el relato lo introduzca a Pappo. Mientras medito acerca de la forma más interesante de hacerlo aparecer en esta narración suena el timbre del taller. Me asomo a la ventana y no veo a nadie en la puerta. Vuelvo a mi asiento y antes de apoyar el culo en la silla el timbre vuelve a sonar. Sucede dos o tres veces más y cada vez que uno de nosotros se asoma, nadie en la puerta.
La radio se calló repentinamente. Las luces se atenuaron. Comenzó a entrar un chiflete frío por debajo de la puerta de calle y cuando levantamos la mirada, apenas inquietos, estalló el solo de guitarra más apabullante que hayamos oído jamás. Pappo festejaba con nosotros la magia de crear otros mundos, ya bastante alejados de la mediocridad cotidiana y de lo que a la gente le gusta.


Acerca del autor: Fernando Puga

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